jueves, septiembre 22, 2005

Se equivoca Su Señoría

Ya llegamos a la recta final de Septiembre y con ella al comienzo del otoño; las hojas se caen de los árboles, las temperaturas descienden y las aves emigran a otros países. Y es que la tierra gira alrededor del Sol en periodos de 365 días (365 y un cuarto, para ser exactos) de forma que el proceso se repite inexorablemente de idéntica forma todos los años.

Sin embargo entre emigración y emigración aviaria las cosas van cambiando ¡y vaya como cambian! No es necesario retroceder mucho en el tiempo para recordar el Septiembre de 2002, apenas 3 años atrás, y ver que las hojas se caían de la misma forma, que las aves emigraban a los mismos lugares y que las temperaturas descendían de forma similar, pero una mirada más atenta revela ciertas diferencias.

Por estas fechas el señor Blair anunciaba al mundo entero que "el programa de armas de Saddam Hussein estaba activo y creciente" acompañado de su colega Bush quien ya en esos momentos preparaba el camino para la invasión de Iraq bajo ese mismo pretexto y sirviéndose de informes de demostrada falsedad (y es que a estos pobres presidentes les engañan sus propios servicios secretos).

En este Septiembre Blair ya no anuncia cosas como esas, sabemos que no eran verdad, pero la guerra sigue teniendo sus motivos: llevar la democracia y la libertad a Iraq. Por supuesto a George W. no se le ocurrió decir en un principio que esta era la finalidad de la guerra, es de suponer que entre otros motivos porque la legalidad internacional prohíbe que un país cambie el gobierno de otro mediante métodos militares.

Y así hemos llegado, en este año 2005, al deseado Iraq libre. Un Iraq donde el pueblo iraquí es soberano (siempre y cuando EEUU no diga lo contrario, como ya hiciese al oponerse a algunas medidas emprendidas por el presidente Talabani) donde la ley se hace cumplir (excepto para los invasores, que si la infringen y son detenidos tiran abajo la prisión y se marchan) y donde son los propios iraquíes y nadie más quienes administran sus recursos naturales (exceptuando los multimillonarios contratos de la empresa norteamericana Halliburton, mediante asignación sin concurso de los derechos sobre el petróleo).

Mirando atrás nos damos cuenta de lo equivocados que estaban aquellos que ya en aquel Septiembre tachaban de mentira la existencia de dichas armas, que auguraban una guerra basada en intereses petrolíferos, "no blood for oil" que decían ellos. Mirando atrás nos convencemos de que sus palabras no respondían sino al antiamericanismo más rancio, el tiempo los puso en su sitio.




"Se equivoca Su Señoría, y las armas de destrucción masiva existen, y las verá Su Señoría" - Jose María Aznar